19 nov. 2007

Reflexiones sobre Dios y el libre albedrío

El libre albedrío se puede definir como la capacidad humana para tomar decisiones. Desde el teísmo se dice que es una especie de regalo de Dios, un don que nos entregó amablemente para que no fuésemos robots, para evitar crear un mundo de autómatas amorales sin capacidad de elegir entre el bien y el mal.

El libre albedrío es muy importante para el mantenimiento de las principales doctrinas monoteístas. Es el justificante del “Día del Juicio Final” y del premio o castigo que recibiremos tras la sentencia. La cuestión es que al poder elegir y valorar nuestros actos, somos responsables de sus consecuencias, del bien o el mal que se deriven de ellos. Este razonamiento se ha utilizado tradicionalmente como respuesta al “Problema del mal” de Epicuro que tan bien conocemos creyentes y descreídos y que no hace falta explicar. La respuesta teísta es que el mal existiría porque lo provocamos los humanos, que, alejados de los mandatos divinos, llevamos vidas perversas que desembocan en todas las desgracias que nos afligen. Dios no tendría nada que ver en nuestras guerras, asesinatos, violaciones, o torturas. Incluso un evangelista-predicador me comentó que los terremotos y demás desgracias naturales existen porque la Tierra está maldita por el pecado.

Creo que este razonamiento es excesivamente simplista y en mis reflexiones he observado que puede plantear problemas a los creyentes de los cuales, yo no sabría salir si estuviera en su lugar. Aunque claro, siempre tienen el recurso a la fe y los designios inescrutables de Dios. Veamos algunas cuestiones que se derivan de analizar el libre albedrío:


Dios es un robot amoral

Si los humanos somos seres morales porque podemos elegir entre hacer el bien o el mal ¿No se convierte entonces Dios en un autómata amoral? Tengo entendido que Dios no puede hacer el mal, pues es contrario a su naturaleza omnibenevolente, luego no tiene libre albedrío, luego si a nosotros nos lo dio para que no fuésemos amorales, él es amoral. Un ser amoral no tiene responsabilidad moral y sus actos no merecen ser alabados o criticados, pues no tiene opciones. Si Dios es un ser amoral que solo puede hacer cosas buenas, no tiene sentido alabarle, pues aunque quisiera, no podría hacerlo de otra forma.


El libre albedrío como sinónimo de imperfección

Si Dios es perfecto y no puede hacer el mal, entonces el libre albedrío es incompatible con la perfección. ¿No nos hizo Dios a su imagen y semejanza? Entonces ¿por qué nos dio el libre albedrío? ¿No sería la perfección un regalo mejor que la imperfección? ¿Por qué agradecerle entonces el libre albedrío y no tomarlo más bien como un castigo tedioso? Los anarquistas suelen decir : “Si el trabajo fuese bueno, se lo quedarían los ricos para ellos”. Pues yo digo: “Si el libre albedrío fuera bueno, Dios también lo tendría”


La omnisciencia hace responsable a Dios

Imaginemos como buenamente podamos a Dios en la eternidad “antes” de crear el universo. Tenemos a un ser en estado de perfección que en un “momento” dado decide crear la materia ya sea como dice la teoría del Génesis o la del Big Bang. Si aceptamos la omnisciencia de Dios, tenemos que aceptar que él ya sabía muy bien cómo seríamos los humanos si nos creaba como efectivamente nos creó. Puede que no existiera otra forma de crearnos, pero había otra opción: la de no crearnos. Dado que es un ser perfecto, el hecho de traernos a la existencia no pudo aportarle nada positivo, pues no se puede mejorar lo perfecto. Por tanto, podría haber decidido seguir en su solitario estado de perfección absoluta y eterna. Pero aun así decidió crearnos, sabiendo muy bien cómo seríamos, que nos haríamos la guerra, que nos violaríamos, que nos torturaríamos y asesinaríamos por un puñado de poder o de dinero, que dejaríamos morir a otros de necesidad mientras nosotros moriríamos de opulencia. ¿No hace esto a Dios responsable de todo lo que ocurre en La Tierra? Está claro que los padres de Hitler no fueron responsables de lo que hizo su hijo, pero... ¡es que no lo sabían! Si de alguna forma hubieran podido saber que su hijo liquidaría a millones de personas ¿no se convertirían en responsables de esas muertes si aun así decidiesen tener hijos? Me cuesta pensar que alguien pueda decir que no.


Un mundo feliz no estaría tan mal

Cuando leí “Un mundo feliz” me aterró la realidad construida por Aldous Huxley. Hoy en día no tengo claro qué mundo me da más miedo, el de la novela o aquel en el que vivo. Si todo el mundo es plenamente feliz haciendo lo que hace...¿Cuál es el problema? Aplicado esto al tema que nos ocupa, podemos plantearnos: ¿Qué sería mejor, un mundo como el que conocemos, con su libre albedrío y su ración diaria de destrucción y sufrimiento servida a través del telediario, o uno en el que fuésemos única y exclusivamente felices siendo buenos? ¿Qué más da que no tuviésemos la capacidad de hacer el mal, si no percibiríamos por ello ningún perjuicio o frustración? Dios, fácilmente podría haber hecho una valoración de las consecuencias de crear un tipo u otro de humanos. Crear a los humanos con libre albedrío, tiene la consecuencia “positiva” de poder elegir entre el bien y el mal y las consecuencias negativas que todos conocemos al leer el periódico (y de las que no nos enteramos). Por otro lado, crear “Un Mundo Feliz”, habría tenido la consecuencia “negativa” de privarnos de la capacidad hacer el mal (que pena, la gente no podría ser libre de asesinarme) pero habría evitado una cantidad de sufrimiento que sería imposible de imaginar y eso sin meterme en el hecho de que el infierno no existiría, pues no tendría utilidad. Que pena no haber tenido un Dios consecuencialista ¿no?


La existencia de la religión niega el libre albedrío

Imaginemos que hay una persona que vive presa en un patio amurallado con el techo abierto y que desde una torre es vigilado por un francotirador. El patio tiene una sola puerta para escapar, encima de la cual, un cartel reza: “Usted es libre de escapar del patio, pero en cuanto lo haga, el francotirador de la torre lo convertirá en un colador”. ¿Alguien piensa que ese hombre tiene realmente libertad para elegir entre irse o quedarse? La religión hace lo mismo. Eres libre de desobedecer a Dios, pero si lo haces, estás condenado. Eso no es libertad, es coacción. El libre albedrío teísta podría existir si Dios hubiese dejado una tabla con 10 recomendaciones en lugar de 10 mandamientos en la que pusiera: “Nota: si no quieres cumplir estas recomendaciones no pasa nada”. Eso sí sería libre albedrío, pues actuaríamos como quisiésemos y no coaccionados. ¿Cuántos millones de creyentes habrá que hacen lo que dice su religión sin realmente desearlo, solo por miedo al castigo?


Factores ajenos que influyen en nuestro comportamiento

Puedo aceptar que los seres humanos tenemos capacidad para elegir entre distintas opciones (aunque no lo tengo claro del todo). Pero, ¿qué ocurre cuando una opción no existe? Por ejemplo, a pesar del libre albedrío, yo no puedo lanzar rayos por los ojos porque esa acción no está dentro de mi abanico de posibilidades. Este ejemplo es tan evidente que parece absurdo, pero nos lleva a preguntarnos ¿Puede ser posible que para algunas personas, hacer el bien no sea una opción? ¿Qué o quién determina nuestro abanico de posibilidades? Imaginemos a dos niños nacidos en La República Democrática del Congo. Supongamos que por una cadena de casualidades, uno de ellos es adoptado por una pareja de cristianos occidentales y acaba convirtiéndose en un sacerdote que ayuda a los toxicómanos de su barrio a salir de la droga. Pero el otro no tiene tanta suerte y acaba convertido en niño-soldado, sufre abusos sexuales, se cría entre violencia, alcohol y otras drogas y termina matando, torturando, violando y saqueando en una de las interminables guerras africanas. ¿Alguien se atreve a decir que el niño que acabó siendo sacerdote merece la gloria eterna y el que acabó siendo soldado el castigo infinito? ¿Sus respectivos actos fueron 100% responsabilidad suya? Es evidente que si el niño que acaba como soldado hubiese sido adoptado, sus posibilidades de ir al cielo habrían crecido drásticamente. El hecho de que no lo adoptaran, influyó poderosamente en su vida posterior y él no tuvo nada que ver en ello. ¿Tenemos libre albedrío? Puede que sí, pero solo respecto al abanico de posibilidades que nos determina nuestra genética, nuestra educación y nuestras experiencias, tres factores ajenos a nuestra voluntad.

¿Merecemos premios o castigos por nuestros comportamientos? Yo lo dudo mucho. ¿Qué mérito tiene que yo no mate a nadie si no deseo hacerlo? A mi me causa horror la violación y nunca sería capaz de violar ¿Merezco un premio por ello? En absoluto, porque yo no me he esforzado ni he hecho nada para lograr que el sufrimiento ajeno no me guste, simplemente me ocurre. Puede que sea por genética o por educación, pero es algo que no he elegido yo. Del mismo modo, creo que el castigo tampoco es justo. No creo que el niño no adoptado del ejemplo anterior merezca ser castigado pues él no tiene la culpa ni de haber nacido, ni de haberlo hecho en un sitio o en otro, ni de los genes que construyeron su cuerpo, ni de la educación que recibió.(1)


La subjetividad del bien y del mal

Por mucho que nos fastidie aceptarlo, no todos entendemos del mismo modo lo que es hacer el bien y el mal. Por ejemplo, para Joseph Ratzinger, yo debo estar haciendo el mal constantemente, pues soy ateo, tengo relaciones fuera del matrimonio, me masturbo etc Está claro que no soy perfecto, pero no creo que pensar de una determinada forma o disfrutar de mi cuerpo tenga nada de malo. Si pienso así es porque no causo daño a nadie siendo ateo y/o promiscuo. Sin embargo, yo creo que es muy malo, terriblemente malo, oponerse y poner trabas a las medidas de control de población, pues la superpoblación es un problema gravísimo que solo se soluciona o con medidas de control de población o con una perversa suma de hambre, guerra y enfermedad. De las dos soluciones, creo que es mejor la primera porque no daña a nadie (no se puede perjudicar a quien no existe). Pero la iglesia se opone fervientemente al control poblacional porque cree que es lo mejor. Yo acepto que puedo estar equivocado (cosa que no creo que haga Ratzinger dado el Dogma de Infalibilidad Papal) pero lo que es seguro es que intento actuar en base a lo que creo que es el bien. Y, de nuevo, yo no he elegido mi concepto de lo que es hacer el bien o el mal. Del mismo modo, creo que no es descabellado pensar que los nazis opinen que el Holocausto fue algo bueno. Y exactamente ocurre lo mismo para los terroristas suicidas, los miembros de ETA o cualquier otra persona que causa daños a los demás pensando sinceramente que están haciendo un bien o que el fin justifica los medios. El que haya personas conscientes de que hacen el mal y que aun así no les importe, como los violadores, no quita que haya otros que causan perjuicios a los demás pero creen sinceramente que están haciendo el mayor bien, como los inquisidores que quemaban mujeres porque pensaban que así libraban a La Tierra de demonios. Por supuesto, no soy relativista moral. Considero que mi forma de comportarme es la correcta (como piensa todo el mundo) pero ¿Por qué iba a tener la Biblia el monopolio de la verdad respecto a la moral y no lo iba a tener yo, o el Corán, o los nazis, o los comunistas, o los demócratas? Equivocarse no depende de uno mismo, si no, no lo haríamos.


Con este artículo he querido plantear por qué pienso que la réplica del libre albedrío al problema del mal, no replica nada y hace aguas por todos sitios, además de dejarse cosas fuera, como el sufrimiento provocado por causas no humanas.
Mi padre lleva toda la vida trabajando. No tiene estudios superiores. No entra en foros ateos, ni lee a Dawkins o Russell y prefiere discutir sobre fútbol que sobre filosofía. Pero entendió muy bien a Epicuro, sin ni siquiera haberlo leído, el día en que mi primo se suicidó con solo 12 años. Mi padre nunca fue muy religioso, pero sé que se hizo ateo aquel día trágico. No ha vuelto a pisar una iglesia, ni siquiera asiste a los banquetes de las bodas o bautizos a los que le invitan. Por mucho malabarismo retórico que quiera hacer el teísmo, nadie podrá convencerle. No podrán quitarle de la cabeza que cualquier ser todopoderoso con una pizca de bondad habría hecho algo por su sobrino. A mí se me caería la cara de vergüenza si tuviera que convencer a mi padre de que alguien bueno pudo mirar a otro lado aquel día. Por suerte, yo no tengo que hacerlo.



(1) Otra cosa es lo que pienso respecto a tomar medidas ante individuos con comportamientos peligrosos para el resto de la sociedad. Por supuesto que hay que tomar medidas, pero educativas, de reinserción (si es posible) y de seguridad. Pero las medidas de “el castigo por el castigo” me resultan injustas e inútiles.
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