13 ene. 2008

Ateísmo fuerte y débil...¿Comorl?

Echando un vistazo a la definición de ateísmo que aparece en la Wikipedia, podremos ver que los ateos quedan divididos etimológicamente en ateísmo fuerte, ateísmo débil y ateísmo agnóstico (subdividido este en fuerte, débil interesado y débil apático). Personalmente creo que no es necesaria ni correcta tanta división y que las personas que no creen en dios solo se deben dividir, como mucho en dos tipos, ateos y agnósticos, aunque creo que el agnosticismo no debería existir. Voy a intentar argumentar mi postura.

Se dice que el ateo fuerte es el que niega categóricamente la existencia de Dios, que el ateo débil es el que no cree en la inexistencia, sino que practica un descreimiento en la existencia y el agnóstico niega que haya conocimiento sobre la existencia o la inexistencia.

Si en lugar de Dios hablásemos de los duendes de 300 kilos, nos parecería ridícula tanta palabrería. Si te preguntan ¿crees en los duendes de 300 kilos? deberías responder que sí o que no. Nadie diría “bueno, yo no niego su existencia, solo descreo de ellos”. O “bueno, yo no me posiciono, pues no tenemos pruebas ni de su existencia ni de su inexistencia”. La mayoría de la gente diría “no” y si se les preguntase por qué, seguro que muchos responderían “¿Y por qué iba a hacerlo?”. Y es que ahí está la clave. Creo que cuando alguien está muy seguro de que algo existe, debería resultarle muy fácil demostrarlo y por eso considero que tenemos todo el derecho del mundo a decir que no existe aquello cuya existencia no ha sido demostrada. No es lo mismo decir “Creo en x porque no se ha demostrado su inexistencia” que decir “No creo en x porque no se ha demostrado su existencia”. Veámoslo con un ejemplo. Imaginemos alguien dice que existen las gorgonas. ¿No le corresponde a él demostrar que las gorgonas existen? Es injusto decir que corresponde igualmente a los que niegan la existencia de gorgonas demostrar su inexistencia que a los que afirman que existen demostrar su existencia. Y esto es así por algo tan simple como la diferencia de dificultad entre demostrar que algo existe y que algo no existe. ¿Cómo se demuestra que existe una gorgona? Pues grabándola en video, llevando a gente a donde vive para que la vea, capturándola y mostrándosela a la sociedad etc. Puede que esto no sea lo más fácil del mundo, pero ya me diréis cómo se demuestra que no existen las gorgonas. Ah, claro, observando simultáneamente todos los lugares del universo y corroborando de tal modo que no hay ninguna. Es decir, que no se puede.

Por todo esto, los ateos tenemos todo el derecho del mundo a decir que dios no existe, aunque no tengamos una prueba definitiva de su inexistencia, pues la prueba definitiva de que estamos equivocados le corresponde por lógica y por sencillez a los teístas que tan seguros están de que su dios existe.

Si un niño nos pregunta que si existen los fantasmas, un ateo fuerte le dirá que no; un ateo débil le dirá que no, no le dirá “bueno, yo no creo que no existan, sino que descreo de que existan; y un agnóstico le dirá que no, no le dirá “bueno, no te puedo decir nada, puesto que no tenemos constancia ni de su existencia ni de su inexistencia”. Si actuaríamos de este modo ante los fantasmas, por qué liarnos la cabeza al referirnos a dios, un ser como tantos otros sobre cuya existencia no hay una sola prueba en condiciones.

Amigos ateos débiles, ateos fuertes y agnósticos, por favor, denominémonos simplemente ateos y digamos con toda tranquilidad, (mientras que los teístas no demuestren lo contrario): “DIOS NO EXISTE”
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